Tu médico te ha dado un número. O quizá dos: probabilidad de fractura mayor a 10 años y probabilidad de fractura de cadera a 10 años. Los ha sacado del FRAX, una herramienta que probablemente no te ha explicado con detalle. Y ahora tienes un porcentaje que, sin contexto, genera más preguntas que respuestas. Un 12% de riesgo de fractura mayor, ¿es mucho o es poco? ¿Qué deberías hacer con esa cifra? ¿Por qué no le ha dado importancia o, al contrario, por qué parece preocupado?
El FRAX y el riesgo de fractura son el paso lógico después de la densitometría. El T-score te dice cómo están tus huesos hoy; el FRAX intenta predecir qué puede pasar en la próxima década. Es una herramienta poderosa, pero tiene limitaciones importantes que casi nunca te explican. Y una de las más relevantes para ti es esta: el FRAX no incluye nada sobre el ejercicio, la fuerza muscular ni el riesgo de caídas. Precisamente los factores que el entrenamiento puede modificar.
Este artículo va a darte lo que falta en la consulta: una explicación clara de qué es el FRAX, cómo se interpretan sus resultados en España, qué captura y qué se le escapa, y por qué el entrenamiento de fuerza, equilibrio e impacto debería formar parte de cualquier estrategia seria de reducción de riesgo de fractura.
Qué es exactamente el FRAX
FRAX (Fracture Risk Assessment Tool) es una herramienta de cálculo online, desarrollada por la Universidad de Sheffield bajo los auspicios de la OMS, que estima la probabilidad de sufrir una fractura osteoporótica en los próximos 10 años. Fue publicada por primera vez en 2008 por el equipo de John Kanis y se ha convertido en el estándar clínico global para la toma de decisiones sobre tratamiento farmacológico en osteoporosis.
La herramienta está disponible de forma gratuita en la web de la Universidad de Sheffield (frax.shef.ac.uk) y ofrece modelos calibrados para más de 70 países, incluida España. Eso es importante: el riesgo de fractura no es igual en todos los países, porque la epidemiología de las fracturas varía según la población.
Los 12 factores que utiliza el FRAX
El FRAX combina factores de riesgo clínicos validados en grandes cohortes poblacionales. Concretamente, utiliza estos 12 parámetros:
- Edad (entre 40 y 90 años)
- Sexo
- Peso y talla (calcula el IMC automáticamente)
- Fractura previa por fragilidad (cualquier fractura con traumatismo menor después de los 40 años)
- Fractura de cadera en padre o madre
- Tabaquismo activo
- Uso de glucocorticoides (más de 3 meses, dosis equivalente a 5 mg o más de prednisolona al día)
- Artritis reumatoide (diagnosticada)
- Osteoporosis secundaria (causas médicas que aceleren la pérdida ósea: hipertiroidismo no tratado, hipogonadismo, enfermedad inflamatoria intestinal, inmovilidad prolongada, trasplante de órgano, diabetes tipo 1)
- Consumo de alcohol (3 o más unidades al día)
- T-score del cuello femoral (opcional, por DXA)
El resultado son dos cifras: la probabilidad a 10 años de fractura osteoporótica mayor (vértebra, cadera, húmero proximal o muñeca) y la probabilidad a 10 años de fractura de cadera específicamente.
Según Kanis et al. (2008), el modelo fue construido a partir de datos de nueve cohortes prospectivas con más de un millón de personas-año de seguimiento. Es una base epidemiológica sólida, pero conviene entender tanto su potencia como sus límites.
¿Cómo se interpreta el resultado del FRAX en España?
Depende. Y no porque sea una respuesta cómoda, sino porque los umbrales de tratamiento varían según el país, la guía clínica que aplique tu médico y tu situación individual.
Los umbrales que se usan en la práctica clínica española
No existe un consenso universal sobre a partir de qué porcentaje FRAX se recomienda iniciar tratamiento farmacológico. En España, las guías clínicas más utilizadas son las de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y las de la SEIOMM (Sociedad Española de Investigación Ósea y Metabolismo Mineral). Los umbrales orientativos más habituales son:
- Fractura osteoporótica mayor a 10 años superior al 10%: considerar tratamiento farmacológico.
- Fractura de cadera a 10 años superior al 3%: considerar tratamiento farmacológico.
Pero estos números no son absolutos. Un umbral fijo tiene un problema fundamental: no significa lo mismo un 11% de riesgo en una mujer de 55 años sin fracturas previas que en una de 72 con dos fracturas vertebrales. El contexto individual pesa tanto o más que la cifra.
En la práctica, muchos clínicos utilizan el FRAX como una de las herramientas dentro de una evaluación más amplia, no como un semáforo automático. Según la revisión de Reid y Bolland (2026) publicada en Endocrine Reviews, la estimación del riesgo de fractura es fundamental en el manejo de la osteoporosis posmenopáusica, pero debe integrarse con la valoración clínica global, incluyendo medidas de estilo de vida como la actividad física y la prevención de caídas.
Cuándo el FRAX subestima tu riesgo real
Hay situaciones específicas en las que el FRAX da un número más bajo de lo que correspondería. Es importante que las conozcas:
- Múltiples fracturas vertebrales. El FRAX solo registra si has tenido o no una fractura previa. No distingue entre una y cinco. Si tienes varias fracturas vertebrales, tu riesgo real es significativamente mayor de lo que el FRAX refleja.
- Caídas frecuentes. Este es un factor crítico que el FRAX sencillamente no incluye. Si te caes con frecuencia, tu probabilidad de fractura es mucho mayor de la que calcula la herramienta, independientemente de tu densidad ósea.
- Diabetes tipo 2. Las mujeres con diabetes tipo 2 tienen mayor riesgo de fractura del que predice su T-score, porque la calidad del hueso está alterada aunque la cantidad (densidad) parezca normal o incluso elevada. El FRAX no ajusta por este factor.
- Dosis altas de glucocorticoides. El FRAX asume una dosis media. Si tomas dosis altas o has tenido tratamientos prolongados, el riesgo está infraestimado.
- Fractura reciente. El concepto de "riesgo inminente de fractura" describe la ventana de los 2-3 años posteriores a una fractura por fragilidad, durante la cual el riesgo de sufrir otra se multiplica. El FRAX no diferencia entre una fractura de hace 20 años y una de hace 6 meses.
Conocer estas limitaciones no invalida la herramienta. La hace más útil, porque puedes discutir con tu médico si alguna de ellas se aplica a tu caso y si el resultado debería ajustarse al alza.
Lo que el FRAX no captura (y por qué importa para tu entrenamiento)
Aquí está la parte que cambia la perspectiva sobre esta herramienta. El FRAX no incluye ninguna variable relacionada con la fuerza muscular, el equilibrio, la capacidad funcional ni el nivel de actividad física. Y estos son factores que la ciencia identifica como determinantes directos del riesgo de fractura.
Para que ocurra una fractura osteoporótica hacen falta dos cosas: un hueso frágil y una carga que lo supere. En el 90% de los casos, esa carga viene de una caída. Y el riesgo de caída depende de factores que el FRAX ignora por completo:
- Fuerza muscular. Una mujer con buena fuerza en piernas tiene mejor control postural, más capacidad de corregir un desequilibrio y mayor capacidad de absorber el impacto si cae. La sarcopenia (pérdida de masa y función muscular asociada al envejecimiento) es un predictor independiente de fracturas que el FRAX no mide.
- Equilibrio y propiocepción. La capacidad de mantener la estabilidad en situaciones dinámicas (pisar una superficie irregular, girar rápido, tropezar) se deteriora con la edad y la inactividad. Un programa de entrenamiento de equilibrio reduce el riesgo de caídas entre un 23% y un 40%, según el tipo de programa y la población estudiada.
- Calidad del hueso (microarquitectura). La densitometría DXA mide la densidad mineral ósea, pero no la microarquitectura trabecular ni las propiedades geométricas del hueso (como el espesor cortical). Dos mujeres con el mismo T-score pueden tener una resistencia a la fractura muy diferente.
- Actividad física habitual. El sedentarismo es un factor de riesgo independiente para fracturas que el FRAX tampoco recoge. Y no estamos hablando solo de su efecto sobre el hueso, sino de su efecto sobre el músculo, el equilibrio y el riesgo de caídas.
El consenso internacional "Too Fit To Fracture" de Giangregorio et al. (2015) identificó como prioridad de investigación el estudio del ejercicio en cohortes de alto riesgo de fractura, precisamente porque las herramientas actuales de evaluación de riesgo no integran el nivel de actividad física ni la capacidad funcional. El panel de expertos concluyó que las recomendaciones de ejercicio deben enfatizar fuerza, equilibrio y alineación postural, especialmente en personas con osteoporosis ya diagnosticada.
Esto no significa que el FRAX sea una mala herramienta. FRAX omite variables como fuerza muscular, equilibrio y riesgo de caídas, lo que puede infravalorar el beneficio de entrenar fuerza. Pero su capacidad predictiva general está bien validada. El problema no es que FRAX sea malo, sino que captura solo una parte del riesgo: la parte ósea, no la funcional.
La implicación práctica es directa: el FRAX te da una parte del mapa, pero le falta un cuadrante entero. Y ese cuadrante es exactamente el que puedes modificar con entrenamiento.
Algunos investigadores proponen complementar FRAX con pruebas de fuerza (dinamómetro de prensión) y equilibrio (TUG, Timed Up and Go), ya que estos factores predicen fracturas de forma independiente al T-score. Aunque añadirlos no siempre reclasifica el riesgo de forma dramática, dan información que FRAX por sí solo no captura. Si tu médico solo te ha hecho una densitometría y un FRAX, pero nunca ha valorado tu fuerza de agarre ni tu equilibrio dinámico, falta una pieza importante del cuadro.
¿Puedes reducir tu riesgo de fractura con ejercicio?
La respuesta corta es sí. Pero no con cualquier tipo de ejercicio ni de cualquier manera. Vamos por partes.
Lo que el ejercicio modifica directamente
El entrenamiento de fuerza con cargas altas, el ejercicio de impacto y el entrenamiento de equilibrio actúan sobre los factores que el FRAX no mide pero que determinan si ese riesgo calculado se convierte o no en una fractura real:
- Densidad ósea. El ensayo LIFTMOR (Watson et al., 2018) demostró que un programa de entrenamiento de alta intensidad con cargas pesadas (HiRIT) durante 8 meses produjo una mejora del 2,9% en la densidad ósea de la columna lumbar en mujeres posmenopáusicas con osteopenia y osteoporosis. El grupo control, que hacía ejercicio suave en casa, perdió un 1,2% en el mismo periodo. La diferencia neta fue del 4,1% entre grupos, un resultado clínicamente relevante que ningún suplemento de calcio ha igualado. Un matiz importante: LIFTMOR incluyó 101 mujeres durante 8 meses. Sus resultados son muy prometedores, pero los meta-análisis que confirman el efecto de la fuerza sobre DMO usan muestras más grandes y sugieren que 3 sesiones por semana durante al menos 48 semanas maximizan el beneficio, especialmente en cadera.
- Fuerza muscular y función física. El mismo ensayo mostró mejoras significativas en todas las pruebas funcionales: levantarse de la silla, equilibrio, fuerza de espalda y piernas. Esto no es un beneficio colateral; es una reducción directa del riesgo de caída.
- Equilibrio. Los programas multicomponente que incluyen entrenamiento de equilibrio específico reducen la tasa de caídas. Según la revisión de Giangregorio et al. (2015), el entrenamiento de equilibrio diario es una recomendación de consenso para todas las personas con osteoporosis, con o sin fractura vertebral previa.
- Peso corporal y composición corporal. El FRAX sí incluye el IMC, pero no distingue entre masa muscular y masa grasa. El entrenamiento de fuerza mejora la composición corporal de una forma que el IMC no captura.
Los tres pilares del entrenamiento que protege los huesos
No basta con "hacer ejercicio". La evidencia señala tres componentes que, combinados, abordan el riesgo de fractura desde todos los ángulos:
- Fuerza con carga progresiva. Cargas que representen al menos el 80-85% de tu repetición máxima. Esto genera el estímulo mecánico que el hueso necesita para remodelarse y construye la masa muscular que protege frente a caídas. Las pesas ligeras y las bandas elásticas con muchas repeticiones no alcanzan este umbral.
- Impacto controlado. Saltos, aterrizajes firmes, movimientos pliométricos adaptados. Las fuerzas de reacción del suelo deben superar 3-4 veces tu peso corporal para estimular la formación ósea. Caminar no genera suficiente impacto. Saltar con intención de altura, sí. Pero hay un matiz importante: en osteoporosis avanzada (T-score muy bajo o fracturas vertebrales previas), el impacto alto -- saltos, drop landings -- debe ser evaluado individualmente. Las guías clínicas, incluyendo Mayo Clinic 2026, recomiendan priorizar fuerza controlada y bajo impacto en estos casos, progresando solo cuando sea seguro. El impacto es una herramienta potente, pero no para todas las situaciones desde el primer día.
- Equilibrio y coordinación. Trabajo en superficies inestables, cambios de dirección, apoyo unipodal con progresión. No es negociable si tu objetivo es reducir caídas, y puede integrarse dentro de la propia sesión de fuerza.
El informe SCOPE 2021 de Kanis et al. reveló que en España el gap de tratamiento en osteoporosis (proporción de personas de alto riesgo que no reciben tratamiento) es uno de los más altos de Europa. La conclusión no es solo que falta tratamiento farmacológico, sino que falta una estrategia integral que incluya el ejercicio como herramienta de prevención primaria y secundaria.
¿Cuándo deberían calcular tu FRAX?
No necesitas esperar a tener osteoporosis para que te calculen el FRAX. De hecho, su mayor utilidad está en las situaciones intermedias, donde el T-score por sí solo no basta para tomar una decisión sobre el tratamiento.
Situaciones en las que el FRAX es especialmente útil
- Tienes osteopenia y tu médico duda sobre si iniciar fármaco. Este es el escenario clásico. Una mujer con un T-score de -1,8 y ningún factor de riesgo adicional tiene un perfil muy diferente de otra con el mismo T-score, antecedentes familiares de fractura de cadera, bajo peso corporal y tratamiento prolongado con corticoides. El FRAX ayuda a cuantificar esa diferencia.
- Tienes más de 50 años y algún factor de riesgo conocido. Fractura previa, madre con fractura de cadera, tabaquismo, artritis reumatoide. En estos casos, calcular el FRAX puede detectar un riesgo mayor del que se asumía.
- Ya tienes osteoporosis y quieres saber si el riesgo justifica tratamiento farmacológico. Aunque con un T-score inferior a -2,5 la mayoría de guías ya recomiendan tratamiento, el FRAX puede ayudar a priorizar y a elegir entre opciones terapéuticas.
- Para monitorizar la evolución. Recalcular el FRAX cada vez que se actualiza la densitometría permite ver si tu riesgo global está bajando o subiendo, más allá del T-score aislado.
Puedes calcularlo tú misma, pero la interpretación es de tu médico
La herramienta FRAX es de acceso público. Puedes entrar en frax.shef.ac.uk, seleccionar España como país, introducir tus datos y obtener tu resultado en menos de dos minutos. Es un ejercicio útil para llegar a la consulta con información y preguntas concretas.
Pero un número sin interpretación clínica no sirve de mucho. Los umbrales no son rígidos, las limitaciones que hemos visto arriba afectan a tu resultado, y la decisión sobre tratamiento debe integrar factores que van más allá de un porcentaje. Calcula tu FRAX, anótalo, y pregunta a tu médico: "Con estos datos y mis circunstancias, ¿cuál es la mejor estrategia para reducir mi riesgo?"
Lo que cambia cuando integras el entrenamiento en tu estrategia
El FRAX es una herramienta de predicción. No es una sentencia. Te dice cuál es tu probabilidad de fractura basándose en los factores que mide, pero no puede predecir lo que pasa cuando modificas activamente los factores que no mide.
Cuando una mujer con un FRAX del 15% de fractura mayor empieza un programa bien diseñado de fuerza pesada, impacto y equilibrio, no cambian los números del FRAX porque sus inputs no se modifican (salvo que deje de fumar, reduzca alcohol o cambie de peso). Pero lo que sí cambian son la fuerza de sus músculos, la calidad de sus reflejos posturales, la microarquitectura de su hueso y su probabilidad real de caerse. Y eso cambia radicalmente su riesgo real de fractura, aunque el FRAX no lo refleje.
Esto merece que te lo lleves claro: entrenar fuerza e impacto puede mejorar tu DMO y reducir tu riesgo real de fractura, pero eso no necesariamente se traduce en un número FRAX más bajo, porque FRAX no recoge la fuerza, el equilibrio ni la historia de caídas. Que tu FRAX no cambie no significa que tu riesgo no haya bajado. Significa que la herramienta no está diseñada para capturar lo que tú has mejorado.
Esto no es una opinión. Es la lógica clínica que Reid y Bolland (2026) resumen en su revisión sobre manejo de osteoporosis posmenopáusica: las medidas de estilo de vida -- actividad física segura, no fumar, moderar el alcohol, mantener un peso saludable -- son pilares del tratamiento junto con la decisión farmacológica.
Los factores modificables que sí puedes cambiar hoy:
- Dejar de fumar. Efecto directo sobre el metabolismo óseo y el riesgo cardiovascular.
- Reducir o eliminar alcohol por encima de 3 unidades diarias. Cada unidad adicional empeora la calidad ósea.
- Mantener un peso saludable. Ni demasiado bajo (riesgo de fragilidad) ni con exceso de grasa visceral (inflamación crónica).
- Tratar las causas secundarias de osteoporosis. Si tienes hipotiroidismo, déficit severo de vitamina D, celiaquía o cualquier otra causa tratable, abordarla es prioritario.
- Entrenar fuerza, equilibrio e impacto. El factor que más variables de riesgo modifica simultáneamente y el que el FRAX no captura.
Un punto que conviene dejar claro: la evidencia más reciente sugiere que el ejercicio no siempre añade mejoras claras de DMO por encima de los fármacos antiresortivos. Pero sí mejora de forma robusta fuerza, equilibrio y riesgo de caídas, que son precisamente lo que FRAX no mide. Por eso ejercicio y fármacos son complementarios, no competidores. Si tu médico te ha recetado un bifosfonato o denosumab, el entrenamiento no lo sustituye; actúa donde el fármaco no llega.
Si has leído el artículo sobre factores de riesgo modificables de osteoporosis, ya conoces este argumento en detalle. Si has leído el artículo sobre qué significa tu T-score, entiendes por qué un solo número no define tu destino óseo. Y si has leído el artículo sobre la diferencia entre osteopenia y osteoporosis, sabes que incluso la clasificación diagnóstica tiene más matices de los que parece.
El FRAX completa ese rompecabezas. Te da una estimación probabilística del futuro. Pero eres tú quien decide qué hacer con esa información.
El FRAX te dice dónde estás. El entrenamiento define a dónde vas
Tres ideas para quedarte con lo esencial de este artículo.
El FRAX es la herramienta de referencia para estimar tu riesgo de fractura a 10 años, y merece la pena que te lo calculen si tienes más de 50 años y algún factor de riesgo. Pero no es una bola de cristal: tiene limitaciones reconocidas y no incluye factores tan determinantes como la fuerza muscular, el equilibrio o el riesgo de caídas.
El ejercicio de fuerza con carga progresiva, el impacto controlado y el entrenamiento de equilibrio modifican exactamente esos factores que el FRAX no mide. No son un complemento opcional; son una herramienta de reducción de riesgo con evidencia propia.
Y la combinación de un FRAX bien interpretado con un programa de entrenamiento bien diseñado es, probablemente, la estrategia más completa que existe para proteger tus huesos. La primera parte depende de tu médico. La segunda, de lo que decidas hacer a partir de ahora.
Si tienes un FRAX elevado, un diagnóstico que te preocupa o simplemente la convicción de que necesitas un plan específico para tu caso, Proyecto Génesis es el coaching individual donde trabajamos tu entrenamiento desde tu punto de partida real. Con tu densitometría, tu FRAX, tu historial y tus objetivos como base. Sin programas genéricos. Sin improvisación.
Bibliografía
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