Qué significa tu T-score: cómo leer tu densitometría sin que te entre el pánico

Sales de la consulta con un informe lleno de números, siglas y gráficos que no has visto en tu vida. El médico ha dicho algo sobre un T-score de -1,7, te ha recomendado calcio y vitamina D, y te ha citado para dentro de dos años. Tú has asentido con la cabeza, pero en realidad no tienes ni idea de qué es el T-score de la densitometría ni de lo que significan esos números para tu salud.

No eres la única. En España, el tiempo medio de espera para una densitometría es de 180 días (SCOPE, 2021). Cuando por fin te la hacen, la explicación dura menos de tres minutos. Y te quedas igual que estabas, solo que ahora con un diagnóstico que suena preocupante y sin herramientas para entenderlo.

Este artículo es esa explicación que falta. Sin jerga innecesaria, sin alarmismo y con los matices que tu informe no incluye. Porque entender tus números es el primer paso para tomar decisiones reales sobre tu salud ósea.

Qué es una densitometría ósea (DXA) y qué mide exactamente

La densitometría ósea, también llamada DXA o DEXA (absorciometría dual de rayos X), es la prueba de referencia para medir la densidad mineral ósea. Es la herramienta que la OMS reconoce como estándar diagnóstico desde 1994 y la que utiliza tu médico para decidir si tienes osteopenia, osteoporosis o huesos dentro de la normalidad.

La DXA funciona emitiendo dos haces de rayos X de baja energía que atraviesan el hueso. La diferencia de absorción entre ambos haces permite calcular cuánto mineral hay por centímetro cuadrado de hueso. Es una prueba rápida (10-15 minutos), indolora y con una dosis de radiación mínima, inferior a la de una radiografía de tórax.

Los dos sitios anatómicos que se miden de forma estándar son la columna lumbar (vértebras L1-L4) y la cadera (cuello femoral y cadera total). Son las zonas donde se producen las fracturas por fragilidad más frecuentes y más graves. En algunos casos, si las mediciones de columna no son fiables (por artrosis o calcificaciones, algo habitual a partir de los 65 años), se mide también el radio del antebrazo.

El resultado se expresa en dos valores: el T-score y el Z-score. Y aquí es donde la mayoría de las mujeres se pierde.

T-score y Z-score: qué mide cada uno y por qué importa la diferencia

Son dos números que aparecen en tu informe y que responden a preguntas distintas. Confundirlos es un error frecuente, incluso entre profesionales sanitarios.

T-score: tu densidad ósea comparada con una mujer joven sana

El T-score compara tu densidad mineral ósea con la de una mujer joven y sana en su pico de masa ósea (aproximadamente a los 30 años). Se expresa en desviaciones estándar: cuanto más negativo es el número, más lejos estás de ese pico.

Es el valor que determina el diagnóstico. La Organización Mundial de la Salud estableció en 1994 los umbrales que siguen vigentes hoy y que tu médico utiliza para clasificar tu resultado:

  • Normal: T-score superior a -1,0
  • Osteopenia: T-score entre -1,0 y -2,5
  • Osteoporosis: T-score igual o inferior a -2,5
  • Osteoporosis severa: T-score igual o inferior a -2,5 con al menos una fractura por fragilidad previa

Estos umbrales fueron definidos por la OMS en 1994 como criterios diagnósticos para mujeres posmenopáusicas caucásicas. Son convenciones estadísticas, no leyes biológicas. Pero conviene matizar: aunque biológicamente no pasa nada mágico al cruzar -2,5, en la práctica clínica ese umbral sigue siendo el que activa la etiqueta diagnóstica de "osteoporosis" y, en muchos sistemas sanitarios, el que da acceso a determinados tratamientos farmacológicos y reembolsos. Tiene un peso administrativo real, aunque no sea un interruptor biológico.

Z-score: tu densidad ósea comparada con mujeres de tu edad

El Z-score te compara con mujeres de tu misma edad, sexo y (en algunos estudios) etnia. No se usa para el diagnóstico de osteoporosis, pero tiene un papel clínico relevante que muchos informes no explican.

Si tu Z-score es inferior a -2,0, significa que tu pérdida ósea es mayor de lo esperado para tu edad. Es decir, no se explica solo por la menopausia y el envejecimiento natural. Esto debería hacer que tu médico investigue causas secundarias: problemas de tiroides, déficit de vitamina D, celiaquía no diagnosticada, uso prolongado de corticoides, entre otras posibilidades.

Un Z-score de -0,5, en cambio, te dice que estás más o menos donde la mayoría de las mujeres de tu edad. Tu T-score puede seguir siendo bajo (porque todas perdéis hueso con la menopausia), pero tu ritmo de pérdida no es anormalmente rápido.

¿Qué significan los números en la práctica?

Aquí es donde el papel del informe suele generar más ansiedad de la necesaria. Un T-score de -2,1 suena grave. Un -1,8 parece "casi bien". Pero la realidad es más matizada de lo que esas etiquetas sugieren.

La escala es un continuo, no un semáforo

El riesgo de fractura no salta de "bajo" a "alto" en un punto concreto. Aumenta de forma gradual a medida que la densidad mineral ósea disminuye. Según el metaanálisis clásico de Marshall et al. (1996), con datos de casi 90.000 personas, por cada desviación estándar de descenso en la densidad mineral ósea, el riesgo relativo de fractura se multiplica por aproximadamente 1,5 a 2,5, dependiendo del sitio anatómico medido y del tipo de fractura. Datos más recientes de Borowy et al. (2025), con 1.311 mujeres y 10 años de seguimiento, matizan estas cifras: por cada DE de descenso en el T-score de cadera, el riesgo aumenta un 28% para todas las fracturas (HR 1,28), un 53% para vertebrales (HR 1,53) y se duplica para cadera (HR 2,10). La relación es gradual y no lineal: el riesgo crece más rápido cuanto más baja la densidad.

Esto significa que la diferencia entre un T-score de -2,4 (osteopenia) y uno de -2,6 (osteoporosis) es clínicamente insignificante. La frontera de -2,5 es una convención estadística útil para la investigación y las guías clínicas, pero tu hueso no sabe que ha cruzado una línea.

Un dato que mucha gente desconoce: la mayoría de las fracturas por fragilidad se producen en mujeres con T-scores en rango de osteopenia, no de osteoporosis. Simplemente porque es el grupo más numeroso. En España, el 54,4% de las mujeres mayores de 50 años tienen osteopenia (OsteoSER, 2023). En Corea, la cifra es similar: el 48,9% de las mujeres mayores de 50 años están en rango de osteopenia según la encuesta KNHANES, y las guías de la Korean Society of Menopause (2024) subrayan que la mayoría de las pacientes que sufren fracturas tienen un T-score en este rango intermedio. Que tu T-score no llegue a -2,5 no significa que estés fuera de peligro.

Ejemplo práctico

Imagina a dos mujeres de 55 años:

  • Ana tiene un T-score de -2,3 en columna lumbar. Su médico le dice que tiene osteopenia "cercana a osteoporosis". Ana se asusta.
  • Marta tiene un T-score de -1,4 en la misma zona. Su médico le dice que es "osteopenia leve". Marta se queda tranquila.

Sin embargo, si Ana tiene 55 años, no fuma, no tiene antecedentes familiares de fractura y entrena fuerza tres veces por semana, su riesgo real de fractura a 10 años puede ser significativamente menor que el de Marta, que tiene 65 años, no hace ejercicio, tiene antecedentes familiares de fractura de cadera y toma corticoides por artritis reumatoide.

El T-score es una pieza del puzzle. No es el puzzle entero.

Lo que el T-score NO te dice

Este es probablemente el apartado más importante de este artículo, porque es lo que ningún informe incluye y lo que genera más malentendidos.

No mide la calidad del hueso

La densitometría DXA mide la cantidad de mineral por superficie de hueso (g/cm2). Pero el hueso no solo es mineral. Su resistencia depende también de la microarquitectura trabecular (cómo están organizadas las trabéculas internas), de la geometría cortical (grosor y distribución de la capa externa), del recambio óseo y de la calidad del colágeno. Dos personas con el mismo T-score pueden tener una resistencia a la fractura muy diferente.

Según Reid y Bolland (2026), en su revisión publicada en Endocrine Reviews, la densidad mineral ósea medida por DXA explica entre el 60% y el 70% de la resistencia mecánica del hueso. El 30-40% restante depende de factores que la DXA no captura.

Existen herramientas que empiezan a cerrar esa brecha. El Trabecular Bone Score (TBS) es un índice que se calcula a partir de la propia imagen de la DXA lumbar y ofrece una aproximación a la microarquitectura interna del hueso. Según Biamonte et al. (2024), en un estudio publicado en Bone con 107 mujeres posmenopáusicas, el TBS se asocia de forma independiente con la presencia de fracturas vertebrales, incluso a igualdad de T-score lumbar. No sustituye al T-score ni está disponible en todos los centros, pero confirma lo que la DXA sola no te dice: la calidad importa tanto como la cantidad.

No predice si te vas a caer

La mayoría de las fracturas por fragilidad ocurren por una caída. Y el riesgo de caída depende de factores que nada tienen que ver con tu T-score: fuerza muscular, equilibrio, tiempo de reacción, visión, medicación, entorno doméstico. Una mujer con un T-score de -3,0 que entrena fuerza y equilibrio puede tener menos riesgo real de fractura que una mujer con un T-score de -1,5 que no hace ejercicio y toma medicación sedante.

El estudio FRACT de Tuzun et al. (2024), publicado en Archives of Osteoporosis con 209 mujeres con osteoporosis posmenopáusica, demostró que los scores FRAX son significativamente más altos en pacientes con alteraciones del equilibrio estático y dinámico, y concluyó que combinar pruebas de equilibrio con FRAX puede mejorar la evaluación del riesgo de fractura. Un estudio más grande de Johannesdottir et al. (2025), con más de 3.200 adultos mayores y seguimiento de hasta 16 años, confirmó que la probabilidad de caída mejora significativamente la predicción de fractura de cadera por encima de lo que aporta el FRAX solo. El trabajo de fuerza, potencia y equilibrio no solo mejora el hueso, sino que actúa sobre la otra pata del riesgo: la probabilidad de caer.

Puede variar entre máquinas y entre sitios anatómicos

Tu T-score de columna lumbar y tu T-score de cuello femoral probablemente no coincidan. Es normal. Cada sitio pierde hueso a ritmos diferentes y responde de forma distinta al ejercicio, la medicación y la carga mecánica. En general, la columna lumbar muestra cambios más rápidos (positivos o negativos), mientras que el cuello femoral es más estable pero más difícil de mejorar.

Además, si repites la densitometría en otra máquina o en otro centro, el resultado puede variar ligeramente. El error de precisión de la DXA oscila entre el 1% y el 2% dependiendo del sitio y del técnico. Por eso se recomienda hacer las densitometrías de seguimiento siempre en el mismo centro y, si es posible, con el mismo equipo.

La frontera de -2,5 es arbitraria

Lo repito porque es importante: los umbrales de la OMS se definieron en 1994 como convenciones para estandarizar el diagnóstico, no como puntos de corte biológicos. Según Kanis et al. (2008) en la guía europea para el diagnóstico y manejo de la osteoporosis, estos umbrales tienen valor epidemiológico y clínico, pero no deben interpretarse de forma aislada para tomar decisiones terapéuticas. Múltiples guías de 2024, incluyendo las de Qatar y Corea, refuerzan esta posición: recomiendan tomar decisiones basadas en el riesgo absoluto de fractura (mediante FRAX u otras herramientas), no solo en si tu T-score cruza o no la línea de -2,5.

Un T-score de -2,3 no es "estar a salvo" y un -2,6 no es "estar en peligro". Tu riesgo de fractura es un continuo que depende de muchos más factores.

FRAX: la herramienta que completa el puzzle del riesgo de fractura

Si el T-score solo te da una parte de la imagen, la pregunta lógica es: qué herramienta la completa. La respuesta es el FRAX.

El FRAX (Fracture Risk Assessment Tool) es una calculadora desarrollada por el Centro Colaborador de la OMS en la Universidad de Sheffield (Kanis et al., 2016). Integra el T-score del cuello femoral con otros factores de riesgo clínicos para estimar tu probabilidad de fractura osteoporótica mayor y de fractura de cadera en los próximos 10 años. No es la única herramienta disponible (existen otras como Garvan, FRACTURE Index o POL-RISK), pero es la más validada internacionalmente y la que tiene una versión calibrada específicamente para la población española.

Qué factores incluye el FRAX

  • Edad
  • Sexo
  • Índice de masa corporal (peso y altura)
  • Fractura previa por fragilidad
  • Fractura de cadera en padre o madre
  • Tabaquismo activo
  • Consumo de alcohol (3 o más unidades al día)
  • Uso de glucocorticoides
  • Artritis reumatoide
  • Causas secundarias de osteoporosis
  • T-score del cuello femoral (opcional, pero mejora la precisión)

¿Por qué es más útil que el T-score solo?

Porque dos mujeres con el mismo T-score pueden tener riesgos de fractura radicalmente distintos. El FRAX convierte datos fragmentarios en una probabilidad concreta. Un resultado típico del FRAX podría ser: "Riesgo de fractura osteoporótica mayor a 10 años: 12%. Riesgo de fractura de cadera a 10 años: 3,2%".

Según la guía europea de Kanis et al. (2008), las decisiones de tratamiento farmacológico deberían basarse en la evaluación del riesgo absoluto de fractura (como la que ofrece el FRAX), no únicamente en el T-score. Muchas mujeres con osteopenia y factores de riesgo adicionales tienen un riesgo de fractura superior al de mujeres con osteoporosis densitométrica pero sin otros factores.

Cómo pedir que te lo calculen

El FRAX está disponible online de forma gratuita (sheffield.ac.uk/FRAX) y tiene una versión calibrada específicamente para la población española. Es importante usar la versión de tu país, porque el riesgo de fractura varía significativamente entre poblaciones. Puedes calcularlo tú misma si tienes tu T-score de cuello femoral, o pedirle a tu médico que lo incluya en la valoración de tu densitometría. Si eres de origen latinoamericano u otro grupo étnico distinto al caucásico y vives en España, ten en cuenta que los umbrales originales de la OMS se definieron en mujeres caucásicas, y el mismo T-score puede asociarse con riesgos distintos según el origen. El FRAX calibrado para España ayuda a corregir parte de ese sesgo.

Si tu médico basa el diagnóstico y el tratamiento exclusivamente en el T-score, sin considerar los factores de riesgo clínicos ni calcular el FRAX, estás recibiendo una valoración incompleta. No es que esté mal, pero es insuficiente.

¿Cada cuánto hay que repetir la densitometría?

Depende. Y la respuesta corta es: menos de lo que muchas mujeres creen necesario, pero más de lo que el sistema les ofrece.

El cambio mínimo detectable marca el ritmo

La DXA tiene un margen de error del 1-2%. Esto significa que un cambio en tu T-score solo es clínicamente relevante si supera ese margen. Según la guía europea de Kanis et al. (2008), no tiene sentido repetir la densitometría antes de 2 años en la mayoría de los casos, porque los cambios en la densidad mineral ósea simplemente no se detectan de forma fiable en periodos más cortos.

Si has empezado un tratamiento farmacológico, 2 años es el intervalo estándar para la primera reevaluación. Si has comenzado un programa de entrenamiento de fuerza con cargas altas, esperar al menos 12 meses para la siguiente densitometría es razonable, aunque los 18-24 meses dan una imagen más fiable.

La realidad en España

El acceso a la densitometría en España no es precisamente ágil. El informe SCOPE 2021 documentó que España cuenta con 15,5 densitómetros DXA por millón de habitantes (puesto 15 de la UE27+2) y que el tiempo medio de espera es de 180 días. Solo el 16% de los hospitales españoles disponen de Unidades de Enlace de Fracturas (FLS), las estructuras que se encargan de conectar una fractura con un diagnóstico y un seguimiento.

Esto significa que, cuando por fin consigues una densitometría, cada resultado cuenta. Entender lo que dice tu informe no es un lujo: es una necesidad práctica.

Qué hacer mientras esperas

Hay algo que puedes hacer mientras llega tu próxima densitometría, y que tiene más impacto que cualquier cifra en un papel: entrenar. El ensayo LIFTMOR (Watson et al., 2018) demostró que un programa de fuerza con cargas al 85% del máximo produjo un aumento del 2,9% en densidad ósea lumbar en 8 meses, en mujeres con osteopenia y osteoporosis. Eso es más de lo que la mayoría de fármacos antirresortivos consiguen en el mismo periodo.

No necesitas esperar al siguiente informe para actuar. De hecho, es exactamente lo contrario: cuanto antes empieces, más tendrás que celebrar cuando llegue.

Tu densitometría es un mapa, no una sentencia

Los tres puntos que necesitas llevarte de este artículo:

El T-score es útil, pero no es suficiente. Te dice cuánto mineral tiene tu hueso comparado con una mujer joven. No te dice la calidad de tu hueso, tu riesgo real de caída ni lo que puedes hacer para cambiar la trayectoria.

El riesgo de fractura es un continuo, no un interruptor. No pasa nada mágico al cruzar la frontera de -2,5. Lo que importa es tu riesgo global, y para eso necesitas que tu médico calcule el FRAX, no solo que mire un número.

El diagnóstico de osteopenia no es una sentencia. Es información. Y la información solo es útil si sabes qué hacer con ella. La evidencia científica más robusta dice que el entrenamiento de fuerza con cargas progresivas es una de las herramientas más eficaces para revertir la pérdida ósea en mujeres posmenopáusicas. No como complemento. Como pilar.

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Bibliografía

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