Ejercicios de impacto para la densidad ósea: qué son, por qué funcionan y cómo hacerlos en casa

Si tienes osteopenia o te preocupa tu densidad ósea, seguramente has escuchado que necesitas "hacer ejercicio de impacto". Lo dicen los médicos, lo dicen las guías, lo dice cualquier artículo genérico que encuentras en internet. Pero casi nadie te explica qué tipo de impacto, cuánta fuerza necesita recibir tu hueso, ni qué ejercicios concretos alcanzan ese umbral y cuáles se quedan cortos.

Esa falta de información tiene consecuencias reales. Hay mujeres saltando a la comba durante veinte minutos creyendo que protegen sus huesos, cuando la mayoría de esos saltos ni se acercan al estímulo que el hueso necesita. Y hay otras que no se atreven a saltar porque nadie les ha explicado que se puede empezar de forma segura con tan solo diez repeticiones al día.

Los ejercicios de impacto para la densidad ósea no son lo que la mayoría piensa. No se trata de hacer cardio que "suene fuerte". Se trata de aplicar fuerzas específicas, medibles, sobre el esqueleto. Y la ciencia nos dice exactamente cuáles funcionan y cuáles no. Eso es lo que voy a explicarte aquí.

¿Qué es exactamente un ejercicio de impacto?

Un ejercicio de impacto es cualquier movimiento en el que tus pies golpean contra el suelo y generan lo que en biomecánica se llaman fuerzas de reacción del suelo (GRF, por sus siglas en inglés). Es la fuerza que el suelo te devuelve cada vez que lo pisas, saltas o aterrizas.

Lo importante es entender que no todos los impactos son iguales. Cuando caminas, el suelo te devuelve aproximadamente 1,0 a 1,2 veces tu peso corporal. Cuando saltas y aterrizas desde cierta altura, esa fuerza puede multiplicarse hasta 4, 5 o incluso 6 veces tu peso corporal. Esa diferencia es enorme para tus huesos.

Hay una confusión habitual que necesita aclararse: "ejercicio de impacto" no es lo mismo que "ejercicio de alto impacto" en el sentido aeróbico. Una clase de step aeróbico es "de alto impacto" para tu frecuencia cardíaca, pero la fuerza que genera sobre el esqueleto es de apenas 1,4 veces tu peso corporal (Santos-Rocha et al., 2006). Para tus huesos, es casi irrelevante. Lo que importa no es cuánto te cansas ni cuánto sube tu pulso. Lo que importa es la magnitud de la fuerza que llega al hueso y la velocidad a la que se aplica.

La medida que importa: BW (veces tu peso corporal)

A lo largo de este artículo verás que las fuerzas se expresan en "BW" o "veces el peso corporal". Es la forma estándar de medir cuánta fuerza reciben tus huesos durante un ejercicio. Si pesas 65 kg y un ejercicio genera 4 BW, la fuerza que recibe tu esqueleto es de unos 260 kg. Esa es la escala de fuerzas con la que trabaja el hueso para remodelarse.

¿Por qué el impacto construye hueso?

El hueso no es una estructura estática. Es un tejido vivo que se destruye y se reconstruye constantemente en un proceso llamado remodelado óseo. Las células óseas llamadas osteocitos funcionan como sensores mecánicos: cuando detectan una deformación suficiente en el hueso, activan una cascada de señales que estimulan la formación de hueso nuevo. Este mecanismo se llama mecanotransducción.

Si ya has leído el artículo sobre entrenamiento de fuerza y salud ósea en menopausia, conoces los detalles de este proceso. Aquí voy a centrarme en lo que es específico del impacto.

El umbral mínimo: no cualquier impacto sirve

Según el trabajo pionero de Bassey y Ramsdale (1995), las fuerzas de reacción del suelo necesitan alcanzar al menos 2,5 a 3,0 veces el peso corporal para producir un estímulo osteogénico claramente relevante. Este umbral es una referencia heurística útil, no una línea biológica exacta. La evidencia más reciente (metaanálisis en red, 2025) muestra que programas de fuerza sin impacto explícito, con cargas al 70% del 1RM o más, también mejoran significativamente la DMO en columna y cadera. Pero a igualdad de condiciones, las cargas de alta magnitud y alta velocidad (saltos, aterrizajes, drop landings) producen los mayores cambios densitométricos. Por debajo de ese rango el estímulo parece mucho menor y rara vez produce aumentos claros de DMO, aunque sí cierto efecto de mantenimiento frente a no hacer nada. Esas actividades pueden ser excelentes para tu salud cardiovascular o tu estado de ánimo, pero son insuficientes como estrategia principal para construir hueso nuevo.

Pero la magnitud no es lo único que cuenta. La velocidad de aplicación de la fuerza importa tanto o más que la fuerza en sí. El término técnico es "tasa de carga" o strain rate, y el umbral mínimo se sitúa por encima de 43 BW por segundo (Bassey, 1997). En la práctica, esto significa que un movimiento rápido y explosivo genera más estímulo óseo que uno lento y controlado, aunque la fuerza total sea similar. Por eso un aterrizaje firme tras un salto es más osteogénico que bajar un escalón despacio, aunque ambos impliquen cierto impacto.

El hueso se aburre: novedad y multidireccionalidad

Hay un tercer factor que muchas veces se pasa por alto: el hueso responde más a patrones de carga nuevos y en direcciones variadas. Si siempre saltas hacia arriba y hacia abajo, tu esqueleto se adapta a ese patrón y el estímulo pierde eficacia con el tiempo. Según Hanson et al. (2020), los saltos multidireccionales — combinando movimientos frontales, laterales y diagonales — generan fuerzas de entre 3,90 y 5,38 BW y producen distribuciones de deformación "novedosas" que potencian la respuesta osteogénica.

La implicación práctica es clara: variar la dirección de tus saltos no es un capricho de programación. Es un principio fisiológico.

Lo que SÍ funciona para tus huesos (con datos de GRF)

Esta es la parte que realmente necesitas. No una lista genérica de "ejercicios recomendados", sino los datos concretos de cuánta fuerza genera cada ejercicio y si alcanza o no el umbral que tu hueso necesita.

He organizado los ejercicios en tres niveles de progresión para que puedas identificar dónde empezar según tu experiencia actual.

Nivel 1: Iniciación (para empezar desde cero)

Estos ejercicios alcanzan o se acercan al umbral osteogénico mínimo. Son el punto de partida para cualquier mujer que no haya saltado en años.

  • Heel drops (protocolo Bassey): Te pones de puntillas y te dejas caer sobre los talones con firmeza, sin amortiguar. Genera entre 2,5 y 3,0 BW. No es un salto, pero es el impacto más accesible que existe y un punto de entrada excelente.
  • Jumping jacks con intención de altura: El jumping jack de toda la vida, pero ejecutado con la intención deliberada de saltar lo más alto posible en cada repetición. Con máxima intención alcanza aproximadamente 3,5 BW (McKay et al., 2005). Sin esa intención de altura, se queda en 2,0-2,5 BW y no sirve. La diferencia es enorme.

Nivel 2: Moderado (ya tienes algo de base)

Aquí la fuerza sobre el hueso empieza a ser claramente osteogénica.

  • Comba bilateral con saltos altos: Saltar a la comba buscando altura en cada salto, no el bounce rasante estándar. Genera 3,0-4,0 BW. Si saltas en modo aeróbico, sin altura deliberada, no superas el umbral.
  • Comba alternando pies: Cada aterrizaje es sobre una sola pierna, lo que concentra toda la fuerza en un solo miembro. Alcanza 3,5-4,5 BW por pierna. Es coordinativamente más exigente, pero la progresión natural desde la comba bilateral.
  • CMJ (salto vertical con contramovimiento): Flexión rápida seguida de salto máximo. Al aterrizar, saltas de nuevo inmediatamente (aterrizaje reactivo). Según Hanson et al. (2018), este ejercicio genera entre 4,59 y 5,49 BW en mujeres de unos 43 años. Es uno de los ejercicios de impacto más potentes que puedes hacer sin ningún material.

Nivel 3: Avanzado (base sólida de fuerza y técnica)

Estos ejercicios generan las mayores fuerzas por miembro y son los más efectivos para la cadera.

  • Hops unilaterales (frontales y laterales): Saltos sobre una sola pierna, rebotando hacia delante o hacia los lados. Según Clissold et al. (2022), generan entre 4,02 y 4,93 BW en mujeres de unos 43 años. La combinación frontal + lateral carga el hueso en múltiples ejes, especialmente valioso para el cuello femoral.
  • Drop jump desde cajón de 40 cm: Paso al vacío desde un cajón y aterrizaje firme en el suelo. En bilateral genera 3,5-4,5 BW. En unilateral puede superar los 6 BW. Según Ballaz et al. (2025), el aterrizaje bilateral necesita al menos 40 cm de altura para superar de forma consistente los 3,5 BW. En cambio, el aterrizaje unilateral funciona a cualquier altura, incluso desde 20 cm.
  • Salto skater lateral: Impulso con una pierna, aterrizaje sobre la pierna contraria en antepié, rebote reactivo hacia el otro lado. Genera 3,5-4,5 BW con un componente lateral que estimula especialmente la cadera (Hanson et al., 2020).

¿Qué NO funciona para tus huesos?

Esto es tan importante como saber qué sí funciona. No porque estas actividades sean malas — muchas son excelentes para otros objetivos — sino porque no alcanzan el umbral de fuerza que tus huesos necesitan para remodelarse.

Actividad GRF aproximada ¿Llega al umbral?
Caminar 1,0-1,2 BW No
Nadar 0 BW No
Bicicleta 0 BW No
Comba rasante (sin altura) 2,0-2,8 BW No
Rebounder / cama elástica < 1,5 BW No
Step aeróbico convencional ~1,4 BW No
Subir escaleras 1,2-1,4 BW No

Merece una mención especial el Pilates. Un metaanálisis de Patti et al. (2021) confirmó que el Pilates no tuvo efectos significativos sobre la densidad mineral ósea en mujeres posmenopáusicas. Puede ser extraordinario para el control motor, la movilidad, la conciencia corporal e incluso ayudar a mantener la masa ósea frente a la inactividad. Pero como estrategia principal para revertir la pérdida de DMO, suele ser insuficiente: necesitas fuerzas de mayor magnitud que las que el Pilates genera.

Y un apunte sobre la cama elástica o rebounder, porque es una pregunta que recibo con frecuencia: la superficie elástica absorbe precisamente lo que el hueso necesita recibir. La fuerza que llega al esqueleto es inferior a 1,5 BW. Es una herramienta útil para rehabilitación y propiocepción, pero no tiene efecto osteogénico.

Que quede claro: no estoy diciendo que dejes de caminar, nadar o hacer Pilates. Estas actividades suelen ser insuficientes como estrategia principal para la DMO, pero ayudan a mantener la masa ósea, mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas. Incluso hay evidencia de que, cuando se combinan con fuerza progresiva dentro de programas multicomponente, su contribución es significativa. Lo que estoy diciendo es que si tu médico te ha dicho que tienes osteopenia y necesitas "hacer ejercicio para tus huesos", necesitas saber que esas actividades por sí solas rara vez alcanzan el umbral de estímulo que revierte la pérdida ósea. Necesitas añadir fuerza pesada y, si es posible, impacto específico.

Una alternativa interesante para mujeres que no pueden saltar: los sistemas de carga osteogénica de alta fuerza y bajo impacto (como OsteoStrong). Un estudio cuasi-experimental de Papadopoulou-Marketou et al. (2025), publicado en JCEM con 147 mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas con osteoporosis, mostró mejoras modestas en DMO lumbar tras 12 meses con solo 10 minutos semanales de carga en dispositivos específicos. Los resultados requieren interpretación cautelosa (no todos los subgrupos alcanzaron significancia tras corrección estadística), pero apuntan a que existen formatos de carga muy alta sin salto que pueden complementar un programa de fuerza en mujeres con limitaciones para el impacto.

¿Cómo hacer ejercicios de impacto en casa sin material?

Ahora viene la parte práctica. Y aquí hay una buena noticia: no necesitas un gimnasio, una comba ni un cajón para empezar. Solo necesitas el suelo y la intención de saltar.

La dosis que funciona

La biología ósea tiene una particularidad que la diferencia radicalmente del entrenamiento muscular: la mecanosensibilidad se satura en las primeras repeticiones. Esto significa que los primeros 10-20 saltos de una sesión generan la mayor parte de la respuesta osteogénica. A partir de ahí, los osteocitos se desensibilizan y más repeticiones producen rendimientos decrecientes. Este principio viene principalmente de modelos animales y estudios en mujeres jóvenes; en posmenopáusicas, los protocolos que demuestran mejoras de DMO suelen mantener la intervención durante al menos 6 meses con 2-3 sesiones semanales.

Según la metaanálisis de Florence et al. (2024), la dosis mediana efectiva es de unos 50 saltos distribuidos en 4 días por semana, sin efecto adicional por encima de ese umbral. Y el protocolo LIFTMOR (Watson et al., 2018) — el ensayo más riguroso en mujeres posmenopáusicas con baja densidad ósea — utilizó solo 25 impactos por sesión y obtuvo mejoras de +2,9% en densidad ósea lumbar y +0,3% en cuello femoral en 8 meses. Pero hay algo fundamental: los beneficios en DMO que vemos en los estudios vienen de repetir esa dosis de forma consistente durante meses (al menos 6), no de sesiones aisladas. Un salto perfecto hoy no hace nada si no lo mantienes en el tiempo.

La clave está en las pausas: según Srinivasan et al. (2002), insertar 15-30 segundos de descanso entre cada impacto multiplica la respuesta osteogénica hasta 5,8 veces comparado con la carga repetitiva continua. El mecanismo es la restauración de la mecanosensibilidad osteocitaria entre cada estímulo.

Más no es mejor, mejor es mejor. Diez saltos de calidad con pausas superan a cien saltos seguidos sin descanso.

Un protocolo de inicio realista

Si nunca has hecho ejercicios de impacto o llevas años sin saltar, este es un punto de partida razonable:

Semanas 1-2: Solo heel drops

  • 10 repeticiones, 2-3 veces al día
  • 15 segundos de descanso entre cada repetición
  • Ejecución: ponte de puntillas, deja caer tus talones contra el suelo con firmeza. Sin amortiguar en exceso, pero sin violencia

Semanas 3-4: Añadir jumping jacks con altura

  • 5 heel drops + 5 jumping jacks máximos
  • Pausa de 15-30 segundos entre cada repetición
  • 1-2 sesiones al día

Semanas 5-8: Progresar hacia saltos verticales

  • 5 jumping jacks máximos + 5 CMJ (saltos verticales con contramovimiento)
  • Aterrizaje firme en antepié, intentando rebotar inmediatamente
  • Pausa de 15-30 segundos entre cada salto
  • 1 sesión al día, 3-4 días por semana

A partir del mes 3: Introducir multidireccionalidad

  • Combinar saltos verticales, laterales y frontales en la misma sesión
  • 10-20 saltos totales por sesión con pausas
  • 3-4 días por semana

Tres principios que no puedes ignorar

Intención de altura, no de frecuencia. El estímulo viene de la magnitud de la fuerza, no de cuántas veces saltas. Cada salto debe hacerse con la máxima intención de elevación posible. Un salto alto genera más fuerza que tres saltitos cortos.

Aterrizaje firme, no amortiguado a propósito. Tu instinto te pide flexionar mucho las rodillas al aterrizar. Hasta cierto punto está bien, pero si suavizas demasiado el aterrizaje, reduces la fuerza que llega al hueso. Un aterrizaje en antepié con rodillas semiflexionadas es el punto intermedio correcto.

Variar las direcciones. No hagas siempre lo mismo. Alterna saltos frontales, laterales y verticales a lo largo de la semana. El hueso responde más a lo nuevo que a lo repetido.

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¿Es seguro saltar con osteopenia? El mito del suelo pélvico

Es una de las preguntas que más me hacen. Y la entiendo perfectamente, porque durante años el mensaje ha sido "cuidado con los saltos si tienes el suelo pélvico debilitado" o "no saltes si tienes osteopenia". Ambas ideas necesitan matizarse con datos.

Lo que dice la evidencia sobre los saltos y el suelo pélvico

El ensayo MEDEX-OP, un estudio clínico aleatorizado en mujeres posmenopáusicas con baja densidad ósea, evaluó específicamente si el protocolo HiRIT (que incluye impactos) empeoraba los síntomas de suelo pélvico. El resultado, publicado por Kistler-Fischbacher et al. (2025), fue claro: no se observó empeoramiento de los síntomas de suelo pélvico en las participantes del grupo de entrenamiento de alta intensidad con impacto.

Esto no significa que el suelo pélvico sea irrelevante. Si tienes problemas de incontinencia o prolapso, necesitas trabajarlos en paralelo con un profesional de fisioterapia especializado. Lo que significa es que el impacto controlado y progresivo, en la dosis que estamos hablando — 10-20 saltos por sesión, 2-3 veces por semana — no es el problema. La dosis importa: dos sesiones supervisadas con 25 impactos controlados no son lo mismo que cientos de saltos en un partido de voleibol competitivo.

Lo que dice la evidencia sobre los saltos y la seguridad ósea

El protocolo LIFTMOR incluyó drop landings (caídas controladas) en mujeres con T-scores en rango de osteoporosis. En 8 meses de entrenamiento, solo hubo un evento adverso menor: un espasmo lumbar leve. Cero fracturas. Y un análisis adicional (Watson et al., 2019) confirmó que la cifosis torácica mejoró en lugar de empeorar.

Las guías de consenso del Reino Unido "Strong, Steady and Straight" (Brooke-Wavell et al., 2022) lo expresan de forma explícita: "El ejercicio es improbable que cause una fractura y no necesita adaptarse según el riesgo de fractura o la DMO baja."

El miedo a saltar es comprensible. Pero los datos no lo respaldan. Lo que sí respaldan es la necesidad de empezar de forma progresiva y con criterio. Si tienes fracturas vertebrales recientes, caídas frecuentes o comorbilidades importantes, la progresión debe individualizarse aún más, priorizando primero fuerza básica, equilibrio y control del suelo pélvico. Pero para la gran mayoría de mujeres con osteopenia, nadie te está pidiendo que hagas drop jumps desde un cajón el primer día. Te estoy pidiendo que no renuncies a un estímulo que tus huesos necesitan por un miedo que la evidencia no justifica.

Entonces, ¿por dónde empiezo?

Si has llegado hasta aquí, ya sabes más sobre ejercicios de impacto y densidad ósea que el 95% de las personas — incluidos muchos profesionales que siguen recomendando "caminar y tomar calcio". Vamos a resumir los puntos clave:

Primero: Un ejercicio de impacto necesita generar al menos 2,5-3,0 veces tu peso corporal de fuerza para producir un estímulo osteogénico claro. Caminar, nadar, la bici y el Pilates no llegan a ese umbral como estrategia principal, aunque sí aportan cierto efecto protector frente a no hacer nada.

Segundo: La velocidad importa tanto como la fuerza. Un salto explosivo con aterrizaje firme es más osteogénico que un ejercicio lento y controlado con la misma carga.

Tercero: Tu hueso necesita menos repeticiones de las que crees. Diez saltos con pausas de 15-30 segundos son más efectivos que cien seguidos. La mecanosensibilidad se satura rápidamente.

Cuarto: La dirección importa. Combinar saltos frontales, laterales y verticales genera un estímulo mayor que saltar siempre en la misma dirección.

Quinto: Es seguro. La evidencia científica en mujeres posmenopáusicas con osteopenia y osteoporosis muestra que el impacto controlado y progresivo no causa fracturas ni empeora el suelo pélvico.

Sexto: Incluso sin saltos, un programa de fuerza bien diseñado con cargas iguales o superiores al 70% del 1RM, 3 veces por semana y mantenido al menos 12 meses puede mejorar la DMO en columna y cadera (Zhao et al., 2025). Esto es importante si por alguna razón no puedes saltar todavía. Pero el máximo efecto se observa al combinar fuerza pesada con impacto.

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Bibliografía

  1. Bassey, E.J. y Ramsdale, S.J. (1995). Weight-bearing exercise and ground reaction forces: a 12-month randomized controlled trial of effects on bone mineral density in healthy postmenopausal women. Bone, 16(4), 469-476. PMID: 7605708.
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  5. Clissold, T. et al. (2022). Unilateral hop training generates clinically relevant ground reaction forces in middle-aged women. American Journal of Sports Science, 10(1), 7-14. DOI: 10.11648/j.ajss.20221001.12.
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