"¿Debería tomar vitamina D?" Es, probablemente, la pregunta que más escucho después de "tengo osteopenia, ¿qué hago ahora?". Y la respuesta que encuentras en internet suele ser un sí rotundo, seguido de una dosis genérica y un enlace de afiliado a un suplemento.
La realidad es más interesante que eso. Y más matizada.
La vitamina D y el calcio son dos nutrientes esenciales para la salud ósea. Eso no está en discusión. Lo que sí merece discutirse es cuánto necesitas realmente, si la suplementación es siempre la respuesta, y sobre todo, qué papel juegan estos nutrientes dentro del panorama completo de la salud de tus huesos. Porque hay algo que la industria de los suplementos no tiene interés en contarte: ni la vitamina D ni el calcio construyen hueso por sí solos.
Voy a explicarte exactamente qué hace cada uno, cómo saber si tú necesitas suplementar, y por qué la pastilla sin el estímulo adecuado es como comprar ladrillos sin contratar al albañil.
El papel de la vitamina D en tus huesos: lo que hace y lo que no
La vitamina D es una hormona (sí, hormona, no solo una vitamina) que cumple una función crítica en el metabolismo óseo: facilita la absorción de calcio en el intestino. Sin niveles adecuados de vitamina D, tu cuerpo solo absorbe entre el 10% y el 15% del calcio que ingieres. Con niveles suficientes, esa absorción sube al 30-40%.
La diferencia es enorme. Puedes tomar todo el calcio del mundo, pero si tu vitamina D está por los suelos, la mayor parte de ese calcio atraviesa tu sistema digestivo sin llegar jamás a tus huesos.
Además de regular la absorción intestinal del calcio, la vitamina D participa en el metabolismo del fósforo (otro mineral esencial para la mineralización ósea), modula la función de las células óseas y contribuye a la función muscular, lo que a su vez influye en el riesgo de caídas.
Pero hay un matiz importante que a menudo se pierde en la comunicación: la vitamina D no construye hueso directamente. Lo que hace es crear las condiciones bioquímicas para que el hueso pueda construirse si recibe el estímulo adecuado. Según la revisión de Reid y Bolland (2026), publicada en Endocrine Reviews, el déficit severo de vitamina D causa osteomalacia (un reblandecimiento del hueso por falta de mineralización), pero eso es diferente de la osteoporosis. El déficit moderado, sin embargo, sí acelera la pérdida ósea al comprometer la absorción de calcio y alterar el remodelado.
En términos prácticos: la vitamina D es un facilitador, no un constructor. Necesitas tenerla en niveles adecuados para que todo lo demás funcione, pero tenerla en niveles altos no va a compensar la falta de otros estímulos.
La paradoja española: sol abundante, vitamina D escasa
Si vives en España, probablemente pienses que el déficit de vitamina D es un problema de países nórdicos. Cielos grises, inviernos eternos, poca luz. Tiene lógica. Pero los datos dicen exactamente lo contrario.
Según el estudio de Díaz-López et al. (2021), realizado con 21.490 pacientes de atención primaria en La Rioja, el 67% de la población analizada presentaba niveles de vitamina D por debajo de 20 ng/mL, el umbral que define la hipovitaminosis D. Dos tercios de la muestra. En España. Con más de 2.500 horas de sol al año.
El dato se vuelve aún más llamativo cuando miras la dieta. La ingesta dietética media de vitamina D en mujeres españolas es de 1,1 microgramos al día, la más baja de toda Europa. La recomendación mínima de la Sociedad Europea de Tejido Calcificado (ECTS) es de 10 microgramos al día. Estamos consumiendo una décima parte de lo que necesitamos a través de la alimentación.
¿Por qué ocurre esto en un país con tanto sol?
Las causas son múltiples y se refuerzan entre sí:
- Uso generalizado de protección solar. Un factor de protección SPF 30 bloquea aproximadamente el 95% de la síntesis cutánea de vitamina D. La recomendación dermatológica de protegerse del sol es correcta para prevenir el cáncer de piel, pero tiene un efecto colateral sobre la vitamina D que no suele mencionarse.
- Vida interior. La mayoría de las mujeres españolas entre 45 y 65 años pasan la mayor parte del día en interiores, ya sea por trabajo de oficina o por hábitos de vida. El sol que ves a través de la ventana no cuenta: el cristal bloquea la radiación UVB que necesitas para sintetizar vitamina D.
- Envejecimiento de la piel. A partir de los 50 años, la capacidad de la piel para producir vitamina D a partir de la radiación solar disminuye de forma significativa. Una persona de 70 años produce aproximadamente un 75% menos de vitamina D cutánea que una de 20 años con la misma exposición solar.
- Composición corporal. La vitamina D es liposoluble, lo que significa que se almacena en el tejido graso. En personas con exceso de grasa corporal, una parte de la vitamina D queda "secuestrada" en ese tejido y no está disponible para cumplir sus funciones metabólicas.
Según la posición de la ECTS publicada por Lips et al. (2019) en el European Journal of Endocrinology, la prevalencia de déficit de vitamina D en el sur de Europa (30-60%) es paradójicamente superior a la de los países nórdicos (<20%), donde las políticas de fortificación de alimentos y la suplementación sistemática compensan la falta de luz.
España tiene sol de sobra, pero la vitamina D no se produce sola. Necesita piel expuesta, sin protección, durante un tiempo suficiente. Y eso no está ocurriendo.
¿Cuánta vitamina D necesitas?
Depende. Y esa es la primera respuesta honesta que hay que dar.
Depende de tus niveles actuales, de tu edad, de tu composición corporal, de la estación del año y de cuánto sol real recibes. Por eso el primer paso no es comprar un suplemento. Es medir.
El análisis que necesitas pedir
La prueba se llama 25-hidroxivitamina D (abreviada como 25(OH)D) y se hace con un simple análisis de sangre. Es la forma circulante de la vitamina D y la que mejor refleja tu estado nutricional real. Cualquier médico de atención primaria puede solicitarla.
Los niveles objetivo
Hay cierto debate entre sociedades científicas sobre los umbrales exactos, pero la mayoría coincide en estas cifras:
- Por debajo de 20 ng/mL (50 nmol/L): déficit. A este nivel, la absorción de calcio está comprometida y el riesgo de osteomalacia aumenta. Es el umbral que usaron Díaz-López et al. (2021) y es el que establece la ECTS como límite inferior.
- Entre 20 y 30 ng/mL: insuficiencia. La absorción funciona pero no de forma óptima. Muchas sociedades de endocrinología recomiendan corregir estos niveles, especialmente en mujeres postmenopáusicas.
- Por encima de 30 ng/mL (75 nmol/L): suficiencia. Este es el rango objetivo para la mayoría de las guías clínicas de salud ósea. No hay evidencia clara de que niveles superiores a 50 ng/mL aporten beneficios adicionales.
Dosis habituales de suplementación
Cuando la suplementación está justificada (déficit confirmado o riesgo alto sin posibilidad de corrección solar/dietética), las dosis habituales oscilan entre 800 y 2.000 UI al día (equivalente a 20-50 microgramos).
Un punto importante: la suplementación diaria o semanal es preferible a las megadosis mensuales o trimestrales. Aunque los bolos de 50.000 o 100.000 UI son cómodos, la evidencia sugiere que las dosis altas intermitentes pueden ser menos eficaces para mantener niveles estables y, en algunos estudios, se han asociado paradójicamente con mayor riesgo de caídas en personas mayores.
Lo que no deberías hacer
Autosuplementarte con dosis altas sin conocer tus niveles. La vitamina D es liposoluble, se acumula, y aunque la toxicidad es rara, no es imposible. Además, si tus niveles ya son normales, suplementar más no va a construir más hueso. Según el metaanálisis secuencial de Bolland et al. (2014), publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology con datos de más de 76.000 pacientes, la suplementación con vitamina D sola no reduce el riesgo de fractura en personas que no tienen déficit. Medir primero, actuar después.
¿El calcio: suplemento o dieta?
El calcio es el mineral más abundante en tu esqueleto. Aproximadamente el 99% del calcio de tu cuerpo está en los huesos y los dientes. Es, literalmente, el material de construcción del hueso. Y la pregunta de cuánto necesitas y cómo obtenerlo tiene una respuesta bastante clara.
Cuánto necesitas
Las recomendaciones para mujeres postmenopáusicas se sitúan entre 1.000 y 1.200 mg de calcio al día. Esa cifra incluye todo: lo que viene de la dieta y, si es necesario, lo que viene de suplementos. No es una cifra arbitraria: es la cantidad que los estudios clínicos han asociado con un efecto protector sobre la densidad ósea cuando se combina con niveles adecuados de vitamina D.
Primero la dieta, siempre
El calcio dietético se absorbe mejor que el calcio de los suplementos. Tiene mayor biodisponibilidad, se distribuye a lo largo del día con las comidas, y no se ha asociado con los potenciales riesgos cardiovasculares que algunos estudios han vinculado (con resultados contradictorios) a la suplementación.
Las fuentes dietéticas más eficientes de calcio incluyen:
- Lácteos: Un vaso de leche (250 ml) aporta unos 300 mg. Un yogur natural, unos 200 mg. El queso curado, entre 800 y 1.200 mg por cada 100 g (aunque también aporta grasa y calorías).
- Conservas con espina comestible: Sardinas en lata (con espinas) aportan unos 350 mg por 100 g. Es una de las fuentes más infravaloradas.
- Verduras de hoja oscura: Brécol, col rizada, berza. Aportan entre 50 y 150 mg por ración, con una biodisponibilidad sorprendentemente alta (superior a la de los lácteos en algunos casos).
- Agua mineral: Algunas aguas minerales españolas contienen entre 300 y 500 mg de calcio por litro. Leer la etiqueta merece la pena.
- Frutos secos y semillas: Almendras (250 mg/100 g), semillas de sésamo (900 mg/100 g, aunque la ración habitual es pequeña).
Cuándo tiene sentido suplementar
Si después de calcular tu ingesta dietética habitual no llegas a los 1.000 mg diarios, la suplementación cubre la diferencia. Pero con dos condiciones:
- Tomar con las comidas, porque el ácido gástrico mejora la absorción del calcio, especialmente del carbonato cálcico (el suplemento más común y económico).
- No superar los 500 mg por toma. La absorción de calcio es saturable: por encima de esa cantidad por toma, el porcentaje que se absorbe cae drásticamente. Si necesitas 600 mg de suplemento, es mejor repartirlo en dos tomas de 300 mg que tomarlo de golpe.
La polémica cardiovascular
Algunos metaanálisis han encontrado un pequeño aumento relativo (~15%) de eventos cardiovasculares con suplementos de calcio, pero otros, más recientes, no encuentran diferencias significativas. La evidencia es contradictoria y el riesgo, si existe, parece pequeño en términos absolutos con las dosis habituales. Lo que sí está claro es que el calcio procedente de la dieta no muestra ese riesgo. Y que la suplementación excesiva (por encima de 1.500 mg/día sumando dieta y suplementos) no aporta beneficio adicional para el hueso y puede tener riesgos.
Un matiz importante sobre fracturas: un metaanálisis de Cong y Zhang (2025) con 11 ensayos y 43.869 mujeres posmenopáusicas con osteoporosis encontró que el calcio + vitamina D mejora modestamente la DMO pélvica y corrige niveles de 25(OH)D, pero no reduce de forma significativa las fracturas clínicas. En mujeres muy mayores (≥70 años) y en seguimientos cortos, algunos subgrupos sí muestran beneficio antifractura, pero no es extrapolable a todas las mujeres.
La conclusión práctica: calcula tu dieta, suplementa solo la diferencia, y no te excedas. Y no esperes que el calcio y la vitamina D por sí solos prevengan fracturas: su papel es crear las condiciones para que el ejercicio y, si es necesario, la medicación hagan efecto.
¿Vitamina D y calcio son suficientes para proteger tus huesos?
No. Y esta es la parte del artículo que más me interesa que leas con atención.
La vitamina D y el calcio son necesarios pero no suficientes. Son los ladrillos. Pero los ladrillos no se colocan solos. Necesitan un albañil. Y el albañil, en el caso del hueso, es el estímulo mecánico: el ejercicio de fuerza y el impacto.
La evidencia más reciente lo confirma con datos potentes. Un metaanálisis de Bai et al. (2025), publicado en Nutrients con 13 ensayos en mujeres posmenopáusicas, demostró que cuando se combina ejercicio estructurado con suplementación de calcio y vitamina D, las mejoras en DMO son significativamente mayores que con suplementación sola, especialmente en columna lumbar y cuello femoral. Los mejores resultados se observaron con vibración de cuerpo entero y ejercicios mind-body combinados con fuerza. Incluso intervenciones cortas (≤6 meses) produjeron ganancias rápidas de DMO cuando se combinaban con soporte nutricional.
El hueso es un tejido vivo que se remodela en respuesta a las fuerzas que recibe. Cuando levantas cargas pesadas o cuando aterrizas después de un salto, la deformación mecánica que se produce en el hueso activa una cascada de señales celulares (mecanotransducción) que estimulan a los osteoblastos a fabricar hueso nuevo. Sin ese estímulo, puedes tener toda la vitamina D y todo el calcio del mundo: el hueso no tiene razón biológica para construirse.
Lo que nos enseña el ensayo LIFTMOR
Uno de los estudios más relevantes sobre entrenamiento y hueso, el ensayo LIFTMOR de Watson et al. (2018), demostró que un programa de entrenamiento de fuerza de alta carga e impacto (HiRIT) consiguió un aumento del 2,9% en la densidad mineral ósea lumbar en solo 8 meses en mujeres postmenopáusicas con baja masa ósea. El grupo control, que hizo ejercicio de baja intensidad en casa, perdió un 1,2%. La diferencia neta fue del 4,1%.
Lo que hace este dato especialmente relevante para este artículo es que el protocolo LIFTMOR no incluyó suplementación de vitamina D ni de calcio como parte de la intervención. Las participantes mantenían su dieta habitual. Los resultados se consiguieron exclusivamente con el estímulo mecánico del entrenamiento.
Esto no significa que la nutrición sea irrelevante. Al contrario: sin una base nutricional adecuada (calcio, vitamina D, proteína), el hueso no tiene los materiales para responder al estímulo. Pero la base nutricional permite que el estímulo mecánico funcione. No lo sustituye.
Según Bolland et al. (2014), la suplementación con vitamina D sola, sin calcio y sin ejercicio, no reduce significativamente el riesgo de fractura en personas sin déficit severo. Y el metaanálisis incluyó datos de más de 76.000 participantes. La vitamina D es un facilitador, no una solución.
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Errores comunes que deberías evitar
"Tomo vitamina D, así que estoy protegida"
Este es probablemente el error más peligroso, porque genera una falsa sensación de seguridad. Tomar vitamina D sin hacer ejercicio de fuerza es como comprar los mejores materiales de construcción y dejarlos apilados en el jardín. Los tienes, pero nadie está construyendo nada con ellos.
"Cuanta más vitamina D, mejor"
No. La relación entre vitamina D y beneficio óseo no es lineal. Una vez que alcanzas niveles suficientes (por encima de 30 ng/mL), más vitamina D no produce más beneficio. Y las megadosis pueden tener efectos paradójicos. Más no es mejor, mejor es mejor.
"Tomo calcio y vitamina D porque me lo dijo el médico, pero no hago ejercicio"
Muchos protocolos médicos para la osteopenia incluyen suplementación de calcio y vitamina D, lo cual es correcto. Pero a menudo no incluyen una prescripción específica de ejercicio de fuerza con cargas altas. No porque no funcione, sino porque la formación en ejercicio y salud ósea todavía no forma parte del currículum médico estándar. Si tu médico te ha recetado suplementos, sigue su indicación. Pero añade el estímulo mecánico. Es lo que realmente mueve la aguja.
"El calcio de los suplementos es igual que el de la dieta"
No exactamente. El calcio dietético se absorbe de forma gradual a lo largo del día, sin producir picos bruscos en sangre. Los suplementos, si se toman en una sola dosis alta, pueden producir esos picos. Por eso la recomendación es repartir la dosis y tomarlos con comida.
Qué hacer después de leer esto: resumen práctico
Si has llegado hasta aquí, probablemente quieres saber exactamente qué pasos dar. Aquí van, ordenados por prioridad:
1. Pide un análisis de 25(OH)D en tu próximo análisis de sangre. Es la única forma de saber si realmente tienes déficit. No asumas que estás bien solo porque vives en un país soleado.
2. Si tu nivel está por debajo de 20 ng/mL, habla con tu médico sobre suplementación. La dosis habitual es de 800-2.000 UI diarias, pero debe ajustarse a tu caso. No te automediques con dosis altas.
3. Calcula tu ingesta diaria de calcio. Haz un recuento aproximado durante una semana: cuántos lácteos consumes, si comes sardinas en lata con espina, si usas agua mineral rica en calcio. Si te quedas por debajo de 1.000 mg/día de forma consistente, suplementa la diferencia.
4. Si suplementas calcio, hazlo bien. Con las comidas, en dosis de 500 mg o menos por toma, y sin superar los 1.200-1.500 mg/día sumando dieta y suplemento.
5. Y sobre todo: entrena. Porque ni la vitamina D ni el calcio construyen hueso si no hay estímulo mecánico. El entrenamiento de fuerza con cargas altas y el ejercicio de impacto son los únicos estímulos que la ciencia ha demostrado capaces de aumentar la densidad ósea en mujeres postmenopáusicas. Los suplementos ponen los ladrillos. El entrenamiento pone al albañil.
Conclusión
La vitamina D y el calcio son piezas fundamentales de la salud ósea, pero no son la solución completa que a veces se vende. El déficit de vitamina D en España es un problema real (el 67% de la población según Díaz-López et al., 2021), la ingesta de calcio dietético es insuficiente en muchas mujeres, y la suplementación puede ser necesaria y útil cuando está bien indicada.
Pero el error más frecuente que veo es creer que con suplementar basta. Que tomando la pastilla correcta, el hueso se arregla solo. No funciona así. Tu hueso necesita el estímulo mecánico del ejercicio de fuerza e impacto para tener una razón biológica por la que construirse. Sin carga, no hay construcción. Con carga adecuada y nutrición suficiente, los resultados son medibles y significativos.
La posición que defiendo es sencilla: mide tus niveles, corrige lo que necesites corregir con tu médico, asegura tu ingesta de calcio por vía dietética primero, y después pon a tus huesos a trabajar. Porque ahí es donde ocurre la magia. Aunque no sea magia, sino fisiología.
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Bibliografía
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